Instante

Al terminar el discurso unos puntos suspensivos caen despacio de su boca. Su rostro impávido se quiebra, solo durante un segundo. Toma aire e intenta parecer firme pero la solidez de sus palabras de pronto se torna en una dulce melaza que acaricia los oídos de Juan. «Esta vez estoy segura, voy a marcharme», dice ella. Pero él ya solo escucha el silencio, ese breve silencio al que puede aferrarse, ese que le permite urdir miles de escenarios en los que ella volverá de nuevo. Ese segundo de duda, una puerta abierta al quizás.

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